Un espectáculo de burlesque
El término burlesque se ha utilizado desde el siglo
XIX para aludir a un tipo de entretenimiento escénico
que combina importantes dosis de humor con escenas “picantes”
de acuerdo a principios de improvisación teatral. El
vestuario, el histrionismo, o cualquier habilidad especial
de los actores solían ser de vital importancia en este
tipo de “espectáculos”. Puesto que una
de sus finalidades era funcionar como una sátira a
los convencionalismos sociales era importante que el humor,
moviera entre líneas, comentarios sobre asuntos sexuales.
Una característica que no se menciona en la anterior
descripción es que sus protagonistas debían
ser mujeres atractivas y ligeras de ropa. Sin embargo, Santiago
Monge ha optado por ese nombre para un proyecto que trata
sobre “cosas de hombres”. La línea de
base del proyecto es la publicidad de ropa interior masculina,
analizada según las transformaciones que la han caracterizado
paulatinamente desde la década desde los años
setenta y hasta ahora. El nombre elegido llama la atención
sobre la posibilidad de interpretar este tipo de publicidad
como una suerte de entretenimiento escénico en donde
circulan de forma simultánea, e incluso contradictoria,
distintas representaciones culturales sobre la construcción
de la masculinidad. También suscita pensar que está
moviendo subtextos o comentarios entre líneas, de
naturaleza sexual y humorística.
Si la práctica del burlesque invocaba una sátira
sobre los convencionalismos sociales, no podría haber
un terreno más propicio de indagación que
el discurso de la masculinidad y sus proyecciones mediáticas.
Monge complementa la revisión de las imágenes
de hombres en calzoncillos, publicadas en revistas y demás
medios impresos, examinando los reportajes gráficos
sobre “el destape” de distintos varones que
rozaban el mundo de la farándula, pero que provenían
o se relacionaban con el campo del arte.
Al apropiar, relacionar, ordenar e intervenir estas diferentes
fuentes, Santiago Monge esta proponiendo caminos para poner
cabeza abajo el discurso dominante de la masculinidad y
leer entre líneas sus representaciones culturales
para encontrar núcleos opacos o inquietantes dentro
de ellas.
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