“Se construye esta matriz como
casita unifamiliar, inestable casita metropolitana, casa
rosada, casita huevo, casita sobre el arroyo, casita en
el Tigre, casita-carpa bajo el puente Pueyrredon piqueteado,
casita-tren, casita en Mar del Plata, el sueño deseado
de una casa ideal de vacaciones, un posible mundo perfecto
de ingeniería precaria, microutopía familiar,
macroutopía social morfológica, lógica
de la forma en el mundo material de los sueños y
lo real. Dibujo de una modernidad experimental, disolviéndose
en imperfectos y maravillosos planes de viviendas obreras,
barrios con forma de cabeza de mujer y casas económicas
de parques escalonados al infinito”.
Fabiana Barreda
El sujeto del siglo XXI es
por excelencia, un sujeto nomádico. Su condición
deriva de un momento histórico determinado por fluctuaciones
en el mapa económico del mundo, transformaciones
en las prácticas laborales, cambios en las formulaciones
de la vida cotidiana, fenómenos que, de una u otra
manera, están relacionados con las nuevas lógicas
propuestas por los procesos de globalización. Por
otra parte, sería miope desconocer el eje central
que han constituido los diversos conflictos bélicos
en la conformación de densos grupos de migrantes
y desplazados. En el caso de América latina y de
Colombia, la lógica del desplazamiento marca nuevos
mapas demográficos. El hambre, la cada vez más
marcadamente desigual distribución de capitales,
la violencia, las políticas estatales respecto al
tema del narcotráfico y al control de cultivos ilícitos,
son factores que determinan día a día, la
movilización de pobladores, el transplante de nichos
culturales, el desplazamiento de iconografías.
La obra de Fabiana Barreda, desde largo
tiempo ocupada en el tema del habitar, se ocupa de una situación
aguda y crítica en el momento contemporáneo.
Y lo hace a partir de un lenguaje fresco, sencillo y despojado.
Sus fotografías performáticas son sutilmente
evocadoras de imaginarios primigenios, relativos al cuerpo,
a las necesidades fisiológicas del cuerpo, a las
simbólicas y sociales. Este grupo de fotografías
acude a un referente cultural que une en una sola imagen
dos contenedores, el cuerpo y la casa. En ambos casos, la
figura, casi siempre femenina, se emparenta con la tierra,
la vegetación y el cobijo. Un mito de origen, un
símbolo de arraigo, centrado en la imagen del vientre,
el pecho, la piel, no dejan de establecer puentes con imaginarios
de larga tradición, entre cuyos investigadores quisiera
resaltar el nombre de la cubana Ana Mendieta.
Ana María Lozano