Al
costado del río Magdalena, los pescadores y los
coteros habitan una heterotopía, ese espacio del
afuera que desdibuja los demás espacios, ese lugar
descentrado que deja ver, en todo su delirio irreal, las
lógicas de los demás lugares, aquellos donde
habitamos, los de la modernidad.
Aquí,
en el calor y la humedad, es el río el que plantea
las regulaciones, es el tiempo del río el que define
la vida y la muerte.
Desde
este lugar, todo es soledad e inmovilidad. Pero, lo peor
es, quizás, la testaruda invisibilidad, que no
permite ser visto, mientras faenas agotadoras desbaratan
el cuerpo, mientras se vive un tiempo otro, no moderno,
menos aun, contemporáneo. Ser ininteligible. Sólo
los objetos saben, mudos testigos, como los árboles,
los pájaros y la corriente. Entre tanto, el río
discurre incansable. Sólo se aguarda la catástrofe.
Ana María Lozano
Curadora